Ediciones › Nº 1 · Abril 2026 › Artículo original
Artículo originalEl precio oculto de las puertas giratorias: cuando ministros se vuelven banqueros
Nueva evidencia global revela que los vínculos entre política y banca benefician a los bancos conectados pero frenan el desarrollo financiero

Visualice la siguiente escena en una sala de directorio en Santiago: El accionista controlador y sus asesores de confianza evalúan incorporar a un exministro de Hacienda al directorio del banco. El currículum es impecable: conoce el sector, tiene contactos en la Comisión para el Mercado Financiero, entiende las prioridades del regulador. Un asesor argumenta que su expertise es invaluable. Otro advierte sobre conflictos de interés. El accionista pregunta: ¿estamos contratando conocimiento o comprando influencia?
Esta escena se repite en salas de directorio desde Lima hasta Ciudad de México. Y aunque parezca una decisión aislada de gobierno corporativo, en una investigación junto con un coautor y publicada por el Banco Mundial analizamos 154 países y encontramos que la respuesta a esa pregunta tiene consecuencias que trascienden al banco individual. Cuando expolíticos de alto rango se incorporan masivamente a directorios bancarios, los bancos prosperan, pero el sistema financiero se estanca.
La anatomía global de las conexiones
En nuestro estudio rastreamos más de 10.000 políticos de alto rango, ministros, reguladores financieros, gobernadores de bancos centrales, y comparamos sus nombres con 60.000 directores bancarios en 154 países durante una década. El objetivo: medir sistemáticamente qué tan frecuente es que expolíticos se conviertan en banqueros. La respuesta es matizada: el fenómeno es relativamente raro, pero está concentrado y es sistemático.
Solo uno de cada diez bancos tiene un expolítico en su directorio. Pero esos bancos representan el 25 por ciento de los activos bancarios totales, son los grandes, los sistémicos. Y apenas el 1 por ciento de los directores bancarios globales son expolíticos de alto rango. Sin embargo, cuando analizamos dónde ocurre esto con mayor frecuencia, emerge un patrón revelador.
En economías desarrolladas como Alemania, Estados Unidos, Italia y Suiza, menos del 2 por ciento de los bancos tienen esta característica. En el extremo opuesto, países como Gabón, Myanmar, Angola y Madagascar exhiben tasas superiores al 65 por ciento. América Latina se ubica en el medio: Chile muestra niveles moderados, mientras que Perú, Colombia y México presentan prevalencias más altas. La geografía de las conexiones políticas en la banca es también un mapa del desarrollo económico e institucional.
Dos caras de una misma moneda
Para los bancos individualmente conectados, los beneficios son tangibles y medibles. En nuestra investigación, controlando por país y características específicas, encontramos que los bancos con expolíticos en sus directorios son 34 por ciento más grandes que el banco promedio. Su retorno sobre activos es entre 0,6 y 0,8 puntos porcentuales superior. Paradójicamente, también son más seguros: mantienen ratios de capital de dos a tres puntos porcentuales más altos y registran menores tasas de préstamos en mora.
Esta combinación, mayor tamaño, mayor rentabilidad, menor riesgo, es notable. Sugiere que estos bancos no están simplemente tomando más riesgo para obtener mayores retornos, sino que operan con ventajas estructurales que sus competidores no conectados no poseen. ¿Cuál podría ser la fuente de estas ventajas?
La respuesta emerge cuando se amplía el lente del análisis individual al agregado. En países donde la vinculación política de la banca es más prevalente, el paisaje institucional y regulatorio es sistemáticamente diferente. Estos países exhiben niveles más altos de corrupción percibida, gobiernos con mayor poder discrecional pero menor rendición de cuentas, y regulación menos orientada al mercado.
Más revelador aún: la regulación bancaria en países con alta vinculación política tiende a favorecer a los incumbentes. Utilizando datos de encuestas a reguladores sobre cinco dimensiones de supervisión financiera, restricciones de entrada, requerimientos de capital, restricciones de actividades, monitoreo privado y poderes del supervisor, construimos un índice que mide cuán “pro-banquero” es la regulación en cada país. El resultado: donde hay más expolíticos en directorios bancarios, la regulación es significativamente más favorable a los bancos establecidos.
Considere la magnitud: moverse del percentil 10 al 90 en vinculación política está asociado con un aumento de una desviación estándar en el índice de regulación pro-banquero. Es la diferencia entre el marco regulatorio de Lituania y el de España. Este patrón sugiere un mecanismo de captura regulatoria: los bancos utilizan sus conexiones políticas no necesariamente para violar reglas, sino para influir en el diseño de las reglas mismas.
El costo sistémico: desarrollo financiero frenado
Si los bancos conectados son más exitosos y la regulación es más favorable, ¿dónde está el problema? La respuesta aparece cuando se examina el desarrollo del sistema financiero en su conjunto. En nuestro análisis, países donde la vinculación política bancaria es alta muestran crédito privado como proporción del PIB sistemáticamente menor, 45 puntos porcentuales menos, en promedio, que en países con baja vinculación. Es la diferencia entre Filipinas y Japón.
Esta correlación negativa entre conexiones políticas y profundidad financiera persiste incluso después de controlar por nivel de desarrollo económico, tamaño de población, calidad institucional y otros determinantes tradicionales del desarrollo financiero. Sugiere que las puertas giratorias entre política y banca no son neutrales: tienen efectos distributivos.
Los bancos conectados capturan rentas y mantienen posiciones dominantes. La regulación favorable limita la entrada de nuevos competidores y restringe la innovación que podría desafiar a los incumbentes. El resultado agregado es un sistema financiero menos dinámico, menos competitivo y menos capaz de canalizar crédito eficientemente hacia empresas y hogares.
En América Latina, donde las instituciones están en desarrollo y el poder gubernamental es considerable pero la rendición de cuentas variable, este patrón tiene implicaciones directas. La vinculación política en la banca no es simplemente una cuestión de gobierno corporativo de bancos individuales, es una cuestión de economía política del desarrollo financiero.
Implicaciones para diferentes actores
Para directorios que evalúan candidatos expolíticos, nuestra evidencia sugiere criterios de evaluación más rigurosos. Las preguntas críticas son: ¿Qué valor específico aporta este candidato más allá de contactos? ¿Cuánto tiempo ha transcurrido desde su último cargo regulatorio? ¿Hay expertise técnica demostrable o solo “conocimiento del sector”? Si el principal atractivo es acceso a reguladores actuales, probablemente es la decisión equivocada, tanto desde una perspectiva de riesgo reputacional como de independencia del directorio.
Para reguladores y supervisores, el patrón que documentamos justifica políticas más estrictas sobre períodos de enfriamiento obligatorios, requisitos de divulgación de conflictos de interés, y monitoreo de bancos con alta concentración de directores con pasado político reciente. La Comisión para el Mercado Financiero en Chile y organismos equivalentes en la región tienen aquí una agenda pendiente de fortalecimiento institucional.
Para inversionistas institucionales, la vinculación política debería ser evaluada como un factor de riesgo de gobierno corporativo. Aunque puede correlacionar con rentabilidad de corto plazo, nuestra evidencia agregada sugiere que está asociada con sistemas financieros menos desarrollados y potencialmente más vulnerables a shocks regulatorios si cambia el contexto político. Las empresas de clasificación de riesgo y los analistas ESG deberían incorporar métricas de independencia política en sus evaluaciones.
Preguntas abiertas y el camino adelante
Nuestro estudio, aunque robusto en su alcance, documenta correlaciones, no establece causalidad definitiva. Es posible que países con instituciones débiles naturalmente generen tanto mayor vinculación política como menor desarrollo financiero, sin que uno cause directamente al otro. También es posible que existan formas “benignas” de conexión política, casos donde el expertise gubernamental genuinamente agrega valor sin generar captura, que nuestro análisis agregado no distingue.
Además, el contexto ha evolucionado desde que recopilamos estos datos, que cubren principalmente el período 1996-2005. Desde entonces, las tecnologías financieras han creado nuevas formas de intermediación que sortean a la banca tradicional, y nuevas formas de lobby e influencia, menos visibles que un directorio, pueden haber emergido. La pregunta para 2025 no es solo quién está en los directorios de los bancos, sino quién está en los directorios de las grandes plataformas de pagos digitales, las fintech de crédito alternativo, y las empresas de inteligencia artificial que están redefiniendo el sector.
Sin embargo, el hallazgo central permanece relevante: las puertas giratorias entre política y finanzas no son neutrales. Cuando son lo suficientemente frecuentes como para ser sistémicas, están asociadas con resultados que benefician a instituciones individuales pero frenan el desarrollo del sistema. Para Chile y América Latina, donde el desafío del desarrollo financiero sigue siendo central, esta evidencia invita a una reflexión incómoda.
La próxima vez que un comité de nominaciones evalúe incorporar un exministro, la pregunta no debería ser solo si esa persona agrega valor al banco. La pregunta más profunda es: ¿qué tipo de sistema financiero estamos construyendo, una institución a la vez? Porque la suma de decisiones individuales racionales puede producir un equilibrio colectivo subóptimo, más renta para bancos conectados, menos crédito para la economía real.
La buena noticia es que este es un equilibrio que puede modificarse con mejores reglas del juego: períodos de enfriamiento más largos, mayor transparencia, evaluación crítica de “independencia” de directores, y supervisión robusta por parte de reguladores verdaderamente autónomos. La pregunta es si tenemos la voluntad política para cambiar las reglas cuando los beneficiarios del status quo están, por definición, bien conectados.
Nota sobre las fuentes
Este artículo se basa en investigación publicada conjuntamente con Claudio Raddatz (Banco Mundial, actualmente Banco Central de Chile) en World Bank Economic Review (2010), Vol. 24, N°2, pp. 234-279. El estudio original rastreó más de 10.000 políticos de alto rango en 154 países durante una década, cruzando sus trayectorias con los directorios de más de 60.000 bancos, a partir de bases de datos públicas de reguladores financieros, registros corporativos y encuestas de supervisión bancaria del Banco Mundial. Los datos cuantitativos sobre prevalencia, retorno sobre activos, ratio de capital y crédito privado/PIB provienen directamente de ese estudio. Las conclusiones y ejemplos sobre Chile y América Latina son elaboración del autor para esta publicación y no reflejan la posición institucional del ESE Business School, el Banco Mundial ni el Banco Central de Chile.
Acerca del autor
Matías Braun es profesor titular del área de economía y finanzas del ESE Business School*. Esta investigación fue desarrollada junto a Claudio Raddatz del Banco Mundial* (actualmente en Banco Central de Chile*) y publicada en World Bank Economic Review (2010), Vol. 24, No. 2, pp. 234-279.
* Las conclusiones y opiniones de los autores son personales y no reflejan necesariamente la posición del ESE Business School, el Banco Mundial y el Banco Central de Chile.




