Ediciones › Nº 2 · Julio–Septiembre 2026 › Mensaje de los editores
Mensaje de los editoresLos riesgos que no queremos ver
Este segundo número no se planificó en torno a una idea común. Los seis artículos se encargaron por separado, a autores que trabajan en áreas que no se hablan entre sí. Recién al ordenarlos para la publicación apareció el hilo, y admitimos algo que nos incomodó: los seis describen un traspaso que nadie autorizó.
Álvaro Pezoa lo formula con precisión filosófica. Una organización puede externalizar su juicio sin que ningún acta registre esa decisión; basta con tratar la recomendación del modelo como si ya fuera la resolución. Su trampa de la Zona 2 —problemas bien estructurados donde el contexto sí importa— es el diagnóstico más útil que hemos leído sobre gobernanza de IA en mucho tiempo. Nadie decide dejar de pensar. Simplemente se rediseña la arquitectura de decisión hasta que pensar deja de ser necesario.
Felipe Aldunate y Sofía Cortés traen evidencia algo que a quienes trabajamos en gobierno corporativo debería quitarnos el sueño: atravesar una crisis sectorial en el cargo eleva 15 % el riesgo de mortalidad del CEO. Algo más que fumar durante las tres primeras décadas de vida. El monitoreo estricto que predicamos como pilar del buen gobierno crea valor para el accionista y se cobra en el cuerpo de quien lo recibe. Las dos cosas son ciertas a la vez, y ese es exactamente el tipo de verdad doble que las tablas de directorio no saben procesar.
Guillermo Armelini muestra cómo el marketing respetó tres límites durante un siglo, no por virtud, sino porque la estructura del negocio los mantenía lejos casi gratis. La personalización en tiempo real los acercó hasta cruzarlos. Jon Martínez y María de los Ángeles Tapia demuestran que las oficinas patrimoniales más grandes y sofisticadas de Chile son, con frecuencia, las más desconectadas de la familia que las creó: el tamaño no compra cohesión.
Los dos artículos restantes son nuestros, y por eso preferimos no elogiarlos. Solo dejamos las cifras a la vista, que es lo que corresponde. El 47 % del costo del crimen y la violencia en América Latina lo paga directamente el sector privado; si esa línea apareciera en cualquier otro lugar del estado de resultados, ya tendríamos tres comités trabajando en ella. Y 67 % de la Generación Z espera que el director ejecutivo fije posición pública en asuntos sociales, frente a 31 % de los boomers: una brecha de dos a uno que nadie votó y que ningún líder puede administrar por intuición.
Hemos visto este patrón muchas veces en la región. La conversación que no se tiene rara vez se evita por ignorancia; se evita porque tenerla obliga a revisar algo que preferimos dar por resuelto. La calidad de nuestro propio juicio. La sostenibilidad de quien dirige. La integridad de nuestra cadena de proveedores. La ética de nuestros propios métodos comerciales. La salud de nuestra familia. La vigencia de nuestra legitimidad. Seis espejos, y ninguno favorecedor.
La verdadera prueba de un directorio no está en cómo gestiona los riesgos que ya conoce. Está en cuánto demora en reconocer los que prefiere no ver. Les proponemos entonces un ejercicio incómodo con este número en la mano. Tomen la tabla de su próxima sesión y marquen cuál de estos seis temas no aparece. Después háganse la pregunta que de verdad importa, que no es qué falta, sino por qué falta. La respuesta honesta casi nunca es «no lo sabíamos».




